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Sal y luz

Nuestro desafío surge de Mateo 5:13-16:
13 “Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su salinidad, ¿cómo se puede volver a salar? Ya no sirve para nada, excepto para ser arrojado y pisoteado.
14 “Ustedes son la luz del mundo. Un pueblo construido sobre una colina no se puede ocultar. 15 Tampoco se enciende una lámpara y se pone debajo de un cuenco. En cambio, lo ponen en su soporte, y da luz a todos en la casa. 16 Así alumbre vuestra luz delante de los demás, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Misión – Existimos por causa de la causa por la cual Cristo murió – el reino de Dios. Vivimos nuestras vidas en el mundo por el bien de la reconciliación y la curación de las heridas que nos rodean: somos ministros de Shalom. Abrazamos el llamado a salir de nuestra zona de confort y estar en lugares de oscuridad.

Entonces, ¡aquí está el desafío!
1) En al menos dos ocasiones durante el desafío, pregúntele a alguien si puede orar por él y luego dirija una oración por él (en voz alta) en el acto. El objetivo es que tengamos ojos y oídos en sintonía con las necesidades de aquellos con quienes interactuamos. Esta práctica demostrará apertura/audacia al hablar con otros sobre asuntos espirituales y demostrará compasión por aquellos que nos rodean que están sufriendo o luchando.

2) Piense en las formas en que puede haber perdido su salinidad, formas en las que ya no agrega sabor o conserva lo que es bueno. ¿Hay áreas en su vida en las que se ha “ajustado al patrón de este mundo” y al hacerlo ha sacrificado parte de su testimonio cristiano? Identifique una de esas áreas y trate de rectificarla esta semana.

3) Trata de ver el mundo esta semana a través de la lente de “shalom”. Sintonícense donde hay plenitud y donde hay quebrantamiento a su alrededor. Cuando identifique el quebrantamiento, pregúntele a Dios cómo podría ser un ministro de su shalom en esa situación.

4) Ser el guardafrenos/frenadora. Cuando se encuentre en situaciones que vayan a un lugar en el que no deberían (aumento de la ira, la ansiedad, lascivia, etc.), sea el que pise los frenos.

5) Sea sal y luz: interponga algo que mejorará la situación. Sea un pacificador. Traiga alegría: haga que las personas se alejen de usted en una forma un poco mejor que cuando caminaron hacia usted.

Nunca olvides que estos desafíos realmente no desarrollan nada en nosotros por sí solos. Simplemente crean espacio para que Dios nos desarrolle y nos moldee más a la semejanza de Cristo. Que cualquier intento que hagáis de vivir este desafío se arraigue primero en la oración. Dios es el que completa en nosotros la buena obra que él comenzó.